V Domingo de Cuaresma, 2 de abril de 2017
MONICIÓN DE ENTRADA
¡Muy
buenos días, hermanos y hermanas! Sintámonos bienvenidos a esta celebración a
la cual es el mismo Jesús quien nos ha invitado.
¡Cómo
corre el tiempo! Ya hemos llegado al V Domingo de la Cuaresma, el último de
nuestra preparación para la Semana Santa. Jesús, Dios y Hombre verdadero, que
nos ilumina y nos da agua de sí para darnos de su propia vida y hacer que
seamos bienaventurados, dichosos. Bien
propiamente podríamos llamar a este ‘el Domingo de Lázaro’, en quien veremos
que es posible superar la muerte en que nos sumergen tanto dolor y sinsentido. ¡Jesús
es la Vida verdadera!
PENITENCIAL
1.
Porque muchas veces vivimos como si estuviéramos muertos, sin esperanza y en
tristeza. ¡Señor, ten piedad!
2.
Porque no somos emisarios de vida sino de muerte y difundimos tantas noticias y
comentarios de muerte que nos convencemos de ello. ¡Cristo,
ten piedad!
3.
Tenemos reservas en cuanto a la vida eterna, invalidando el poder vivificador de
nuestro bautismo. ¡Señor, ten piedad!
MONICIONES SOBRE LAS
LECTURAS
PRIMERA.- El
Espíritu de Dios nos da la vida. Esta gran promesa fue recibida del profeta
Ezequiel en la desolación del destierro, cuando afirmó la supremacía de la vida
sobre la muerte, porque el Señor nos dice: tú, que sientes que mueres, mira que
Yo te llevaré conmigo a la tierra de la Promesa y te daré la vida.
SALMO.- Junto
a Dios solo hay perdón y amor. Lleno de súplicas, el Salmo 129 está lleno de la
plena esperanza del creyente en el Señor. Formando parte de los salmos
graduales o de subida, se repiten -cual un eco- palabras que relacionan al
pecador con la Misericordia divina, llenándolo de esperanza, por ser su pueblo
elegido.
SEGUNDA.- A
continuación será San Pablo, en su carta a los Romanos, quien nos apremie a superar la realidad del
dolor y el sufrimiento para llenarnos del Espíritu de Dios que, habitando en
nosotros, nos da vida verdadera; tal y como ocurrió con Cristo –resucitado de
entre los muertos- nosotros estamos llamados a participar de la vida eterna de
Dios.
EVANGELIO.- Muerte
y dolor son asociados así como vida y alegría. Jesús no fue un súper hombre
proyectado en nuestra historia humana; lleno de una extraordinaria humanidad,
es capaz de conmoverse y llorar por Lázaro, su amigo muerto tres días antes. El
versículo cortísimo dirá: ‘Y Jesús lloró’ aún cuando Él mismo es la Resurrección
y la Vida, y se la transmitiría. Esa vida en Cristo llega a nosotros.
ORACIÓN DE LOS FIELES
1. Cada tiempo ha comunicado
la Buena Noticia ‘a su estilo’. Roguemos al Señor que saque
a su Iglesia de cualquier cueva de muerte y la impulse a ser testimonio de vida
para la Vida. Roguemos al Señor.
2.
Muchas personas no tienen fe o miran
constantemente la muerte que los acecha. Para que descubran a Dios y cómo
mirar la vida con esperanza. Roguemos al
Señor.
3.
¡No sabemos vivir! Para que vivamos plenamente
nuestro presente con lo ya experimentado y buscando acercarnos a Dios, que
siempre cumple sus promesas. Roguemos al
Señor.
4.
Somos ‘sentidistas' y nos cuesta creer lo
que no perciben nuestros sentidos. Para que desarrollemos los sentidos
espirituales y busquemos la vida eterna que nos promete Dios. Roguemos al Señor.
5.
Somos parte de una comunidad cristiana
que ha recibido tu espíritu de Vida, Señor. Oremos para que se nos note a
todas y todos que tenemos disposición a la vida y esperanza en quien nos la ha
dado. Roguemos al Señor.
6.
Muchos niños vamos a reconciliarnos o a
recibir a Cristo Eucaristía. Oremos por nuestras familias para que, llenas
de Dios, ayudemos a quienes necesitan de
nosotros. Roguemos al Señor.
7.
Oremos por todos los difuntos para que hayan recibido aquello en lo que
creyeron. Roguemos al Señor.
OFERTORIO
El pan y el vino constituyen
nuestro muy pequeño aporte para que Tú, Señor, te hagas presente sobre este
altar por la acción sacerdotal. Creemos que en este Alimento nos anticipas la
vida eterna de nuestra resurrección y nos fortaleces para ser cristianos de
acción y contemplación, de servicio e intercesión.
ACCIÓN DE GRACIAS
Señor,
Dios nuestro, te agradecemos la vida eterna que nos has dado en Jesucristo, el
primer resucitado. Amén.
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