Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta penitencia

XXXI Domingo Ordinario, 4 de noviembre de 2018

Imagen
ENTRADA ¡Bendito día del Señor para todos los hermanos! Les damos la bienvenida al Banquete Eucarístico del XXXI Domingo Ordinario, cuando se nos invita a vivir lo fundamental: el amor. El que es puro amor, Dios,   nos ha enseñado que amar es lo esencial y, por cuanto proviene de Él, nos invita a amarlo sobre todo lo demás. Este amor debe, además, volcarse en quienes nos rodean, ya que hemos sido constituidos instrumentos del divino amor. Solo así engrandecerás tu vida y descubrirás la verdadera felicidad. PENITENCIAL 1.    Porque nuestro amor es por conveniencias y pasajero, ¡Señor, ten piedad! 2.    Porque no siempre somos elementos de enlace con Dios, con lo bueno, con el amor auténtico, Cristo, ten piedad! 3.    Porque nuestro amor es selectivo y muchas veces nos guiamos por puras apariencias, ¡Señor, ten piedad! MONICIONES A LAS LECTURAS PRIMERA.   Según lo afirma el libro del Deuteronomio, los mandatos del Señor...

Domingo XVII del Tiempo Ordinario, 24 de julio de 2016

Imagen
MONICIÓN DE ENTRADA ¡Deseamos para todas y todos un día lleno de bendiciones! Sintámonos todas y todos bienvenidos, en este Día del Señor, a la Eucaristía del Domingo XVII del Tiempo Ordinario. Cuando se trata de orar, muchas veces nos habremos preguntado si nuestra oración sirve de algo. De no ser afirmativa nuestra respuesta, podríamos cambiar la pregunta: ¿Cómo anda nuestra amistad con Dios? Porque la oración es encuentro de amigos; en este caso, de Uno -lleno de Misericordia y poder- con otro –nosotros-, necesitados y limitados. De ahí que al comunicarnos con el Señor se restablezca el equilibrio –para nosotros y para otros- y lleguemos a descubrir que no estamos solos, pues tenemos un Padre –el más excelente de todos- y que somos hermanos en el Hijo Primogénito, Jesús, quien nos ha enseñado a orar. ¡Por eso, alegrémonos y demos gracias a Dios! PENITENCIAL a) Porque olvidamos nuestro papel de intercesores ante las necesidades de nuestro prójimo. ¡Señor, ten pied...