XI Domingo del Tiempo Ordinario /C, 12 de junio de 2016
MONICIÓN
DE ENTRADA
¡Muy buenos días a todos los hermanos! Llegado el XI Domingo del tiempo Ordinario,
hemos de encontrarnos con la ternura del Corazón de Jesús, para alimentarnos de
su Palabra y recibir el bálsamo del amor eucarístico.
La Misericordia de Dios nos ha bendecido con
innumerables dones, los cuales hemos de poner al servicio de quien los
necesite. Cierto que, seguramente, hemos cometido muchas faltas que
frecuentemente acondicionan nuestras actitudes de vida; sin embargo, el
arrepentimiento sincero nos llevará por un camino seguro de sanación y
liberación, lo cual nos llenará de gozo. Sin importar cuánto mal haya habido en
nuestras vidas, el amor que se comienza a dar en detalles siempre nos
conseguirá los mejores frutos. Tal y como aquella pecadora que se acercó a
cuidar a Jesús con lo que podía darle de sí misma, superando la opulenta
invitación de quien maneja simplemente con dinero sus relaciones personales.
PENITENCIAL
1.
Nos ocultamos de Dios tras nuestro pecado y
llegamos hasta a culparlo a Él de nuestros males. ¡Señor, ten piedad!
2. Cristo
se ha convertido en una teoría; nos hemos alejado de Él, no lo amamos ni lo
servimos en las personas. ¡Cristo, ten piedad!.
3. Nuestra
lógica administra nuestros actos y termina alejándonos de hacer el bien, de
amar a Dios y a las personas. ¡Señor, ten piedad!
MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS
PRIMERA.- Siempre hay un primer
paso para todo. Para el que ha pecado lo primero que necesita es reconocer su
falta. Del Libro Segundo de Samuel procede la primera lectura de hoy; en ella
encontraremos al profeta Natán, enviado por Dios para hacer que David, el rey,
reconociera su falta. Arrepentido, David descubre la generosidad de Dios y
recupera la paz.
SALMO.- El perdón del pecado es una manifestación de amor.
Atribuido a David, el presente salmo revela la alegría y el júbilo que el
pecador descubre ante Dios: expresa, además, la gratitud de quien entregó la
dura carga –que es el pecado- y reconoce la Misericordia divina con que ha sido
tratado.
SEGUNDA.- La segunda lectura es de San Pablo, en su Carta a
los Gálatas. La pregunta sobre qué nos hace justos, la Ley o la Gracia de Dios,
solo tiene una respuesta, porque solo Cristo nos alcanza el perdón. Cuando
conocemos, amamos y seguimos a Cristo, entonces Él es quien vive en nosotros.
EVANGELIO.- Se dibujarán en
este Evangelio de san Lucas dos actitudes muy frecuentemente vividas ante la
Gracia de Dios: la soberbia y la humildad. Porque, en ocasiones nos creemos
dignos de todo honor, hasta del divino. Otras veces, en cambio, vamos por la
vida arrastrando nuestro pecado y nuestra pequeñez, pero dando lo que tenemos:
amor.
ORACIÓN DE LOS FIELES
1.
El perdón de los pecados es un regalo de la Misericordia de Dios. Que los
ministros consagrados y fieles comprometidos de la Iglesia así lo entendamos y
acojamos generosamente a quienes se acercan a buscarlo. Roguemos al Señor.
2.
Oremos por los gobiernos y por quienes administran la justicia, para que
comprendan la dignidad de iguales de todos los ciudadanos y se hagan solidarios
con quien los necesite. Que la Luz del Evangelio ilumine sus decisiones. Roguemos al Señor.
3.
Esperamos que ‘los demás’ se arrepientan y asuman actitudes más positivas,
olvidando que también nosotros debemos arrepentirnos de nuestras faltas y
comenzar a andar por el camino del amor de Dios. Que así lo comprendamos. Roguemos al Señor.
4.
Queremos orar por nuestras familias, en las cuales no siempre van las cosas en
paz y armonía. Para que aprendamos a ponernos en el lugar de los demás y
descubramos sus razones para actuar como lo hacen. Que el amor nos lleve al
perdón y a la fraternidad. Roguemos al
Señor.
5.
Rogamos por los niños y jóvenes que han recibido o recibirán muy pronto algún
sacramento. Que sus familias comprendan que la vida sacramental es Gracia de
Dios para bendecirlos a todos y se vayan incorporando a lo que esos sacramentos
implican. Roguemos al Señor.
6.
Al presentar al Señor nuestras necesidades personales queremos hacer presentes
las de quienes nos han pedido oración en sus situaciones y un corazón sensible
para ayudarlos. Roguemos al Señor.
7.
Oramos por todos los difuntos. Creemos que la infinita Misericordia divina les
ha abrazado, mirando el gran amor de la Iglesia más que sus pecados. Que tu
Luz, Señor, les conduzca a Ti. Roguemos
al Señor.
OFERTORIO
1) (Niño/a
con un cartel: ‘orgullo’) Hoy queremos depositar y romper (hace
el gesto) ante
Ti, Señor, ese orgullo que nos aleja de quienes nos aman y de Ti. Nos postramos
ante Ti, en cambio, humildemente, para adorarte y agradecerte tantas bondades (hace el gesto).
2) Somos
prestos a creer en cualquier novedad que se nos presente. Olvidamos cuál es la
fe que nos sostiene y perdemos el camino a Ti, Jesús. El Catecismo de la Iglesia Católica contiene los fundamentos de
nuestra fe. Por eso nos comprometemos a estudiarlo un poco más.
3) Presentamos
nuestras vidas en este pan y este vino
para que, unidos al Cuerpo y la Sangre de Cristo en que estos se han de
convertir, nos transformen con su Gracia.
ORACIÓN FINAL
Señor,
que en Jesucristo nos has entregado el perdón sanador, liberador y transformador
que necesitamos, danos el valor de llevarte a todos los ambientes donde nos
encontremos y de testificar con nuestras vidas que Te hemos encontrado y hemos
recibido tu Misericordia. Amén.
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