X DomingoO Ordinario, 5 de junio de 2016
MONICIÓN DE ENTRADA
¡Muy buenos días, hermanas y
hermanos! Sean bienvenidos a nuestra
Celebración Eucarística de este día.
Hoy es un día grande, aunque se nos presente sin
celebraciones especiales, que ya han quedado atrás dando paso a la segunda
parte del Tiempo Ordinario que se ubica después del domingo de Corpus Christi y
hasta el sábado anterior al domingo de Cristo Rey. En este X Domingo Ordinario
podremos descubrir que vida y muerte están en constante oposición, siendo la
misericordia la encargada de vencer a esta última. ¿Comprendemos que estamos
llamados a vivir en misericordia?
Dispongámonos para observar a quien nos necesita y que está
cerca de nosotros para responder a su dolor con una mano hermana, que le
comprende y acompaña a salir adelante.
PENITENCIAL
o Es cómodo creer en Dios y tener esperanza cuando todo va bien. Pero, en el dolor, llegamos hasta a acusarlo de causarnos tal situación. ¡Señor, ten piedad!
o Muchas veces vivimos porque respiramos y nuestro cuerpo cumple sus funciones. Pero nuestras actitudes son de muerte y producen muerte ¡Cristo, ten
piedad!
o
A veces pensamos que Dios no nos
ve ni conoce nuestro dolor. O bien, que lo sucedido no tiene solución ni para
Dios, a quien medimos según nosotros mismos. ¡Señor, ten piedad!
MONICIONES A LAS LECTURAS
PRIMERA: La primera lectura de hoy procede del capítulo 17 del primer Libro de los Reyes. Y nos narra cómo Elías, ante la muerte del hijo de una viuda, dueña de la casa donde se hospedaba, oró insistentemente a Dios para que le devolviera la vida al niño y, en consecuencia, la paz a la madre. Es que, ante el dolor humano, el profeta sabe que debe tomar posición.
SALMO: Mueve a la vida en plenitud este
salmo 29 con que oraremos hoy. Aquel que ha sido rescatado de la muerte y tiene
conciencia de que es el mismo Dios quien lo ha hecho, agradece su intervención,
pues Él es la razón de su esperanza. Y lo ensalzará, porque cuando el salmista
vivió la dura prueba el Señor lo escuchó y lo liberó.
SEGUNDA:
Se nos proclamará, seguidamente, la
Carta de san Pablo a los Gálatas. Ocurre que muchas veces nos empeñamos en
destruir la vida en torno nuestro, tal como sucedió con Saulo; él, sin embargo,
recibido el Evangelio de la Salvación, se esforzó en llevarlo a todos para dar
vida. ¡Es un testimonio de vida venciendo a la muerte!
EVANGELIO: Corresponde
a san Lucas la narración del Evangelio de hoy. Similar a la primera lectura, la
escena presenta a una viuda que va a enterrar a su único hijo y se encuentra
con el Señor. Jesús se compadeció de ella y, luego de pedirle que no llorara,
impera sobre la muerte y le ordena al muchacho levantarse de allí. Seguidamente,
se lo entregó a la madre. Hemos de
decidir si asombrarnos por el milagro o movernos a misericordia.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Pensar que solo Dios es misericordioso nos puede alejar de vivir un verdadero ‘encuentro eucarístico’ de común unión tanto en el templo como en nuestro cada día. Pidamos la fortaleza de su Espíritu para que nos ilumine, nos llene de su paz y nos haga misericordiosos. (Respondemos: Señor de la vida, escúchanos.)
1)
Tú
nos diste el ejemplo de cómo servir. Bendice a los ministros de tu Iglesia -el
Papa Francisco; a nuestros obispos, sacerdotes,
religiosas y religiosos; para que todos ellos sientan el gozo de servir al
rebaño que Tú mismo les has confiado. Oremos.
–
2)
Tú
eres fiel, Señor Jesús. Bendice a la Iglesia, a cada bautizado, dondequiera que
se encuentre, para que sea fiel a la misión que le has encomendado. Oremos. –
3)
Tú
eres ‘la Iglesia’. Bendice nuestra vida comunitaria, nuestro crecimiento como
vecinos, estudiantes, trabajadores, de modo que todos puedan observar cómo nos
amamos. Oremos. –
4)
Tú
nos enseñas lo bueno que es orar. Bendice a tus hijos con el don de la oración
comunitaria y personal, que puede hacernos mover las más grandes montañas: las
que están en nuestros corazones. Oremos.
–
5)
Tú
eres Familia Trinitaria, Señor. Bendice nuestros hogares para que tengamos el
valor de cambiar nuestras actitudes que no producen vida. Oremos. –
6)
Tú
eres la Vida, oh Jesús. Bendice nuestra decisión de morir al egoísmo y vivir
plena y abundantemente, según tu oferta para nuestro cada día. Oremos. –
7)
Tú
eres el Príncipe de la Paz. Bendice nuestra historia personal y comunitaria con
esa Paz que no es como la que da el mundo. Oremos.
–
8) Tú nos enseñaste que existe la Vida Eterna. Bendice nuestro
recuerdo de quienes ya han pasado de esta vida a la verdadera y dales a todos
ellos el descanso en que creyeron. Oremos.
MONICIONES DEL OFERTORIO
1. PAÑO BLANCO: Señor,
en cualquier momento nos toca ver partir a un ser querido. Entonces quisiéramos
llenarnos de tu consuelo y fortaleza, pero nuestra convicción sobre la
existencia de esa otra vida que comienza justo en nuestra muerte física es
débil. Hoy aceptamos que vida y muerte física son parte de la vida misma y
declaramos que creemos en la vida que Tú nos ganaste con tu muerte y
resurrección.
2. CÁLIZ
Y VINAJERAS: Traemos ante tu altar, Señor,
una ofrenda que el hombre elabora para que Tú la transformes. Es que, aunque
nuestros ojos no lo puedan distinguir así, ella será tu Cuerpo, tu Sangre, tu
Alma y tu Divinidad, que se nos dará en el Alimento para la Vida verdadera y
para nuestra Salvación, Señor.
Por todo esto,
¡GRACIAS, Señor!
ORACIÓN FINAL
Agradecemos,
Señor, la fortaleza que el Alimento celestial nos ha concedido. Al disponernos
a comunicar a todos tu fuerza transformadora te suplicamos aumentes nuestra fe
y confianza en tu amor y tu misericordia. Amén.
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