El Bautismo del Señor, 11 de enero de 2015
MONICIÓN DE ENTRADA
¡Muy
buenos días tengan todas y todos ustedes! Sepan que somos bienvenidos al gran
Banquete del Señor, la Eucaristía. Ahora que hemos recordado el origen de Jesús
-nuestro Niño de Belén-, cómo se manifestó a los más pequeños de Su Pueblo y a los
hombres sabios del mundo no creyente, nos corresponde comenzar a revivir
momentos de Su vida –pasando por Su muerte y resurrección- hasta comprender
cuál era la misión que vino a cumplir en medio de nosotros.
Concluye,
para nosotros, el Tiempo de Navidad y comienza -a la vez- el Tiempo Ordinario.
Y lo hacemos con una entrañable celebración, cual es el Bautismo de Jesús. Una
nueva manifestación de Dios, esta vez en la Persona del Padre, dará inicio a la
vida pública del Señor, con Su mensaje y Sus signos. Buen momento, por lo
demás, para preguntarnos cómo estamos viviendo nuestro Bautismo. Realmente, un
día excepcional donde Dios expresó a todos que nos ama y desde donde hemos
iniciado un caminar de fe.
¡Celebremos,
pues, con Jesús nuestro bautismo!
PENITENCIAL
* Porque
no entendemos que Tú también Te manifiestas al mundo cuando nos acercamos al
Bautismo y proclamas que somos hijos e hijas Tuyos. ¡Señor ten piedad!
* Porque sólo valoramos el Bautismo de otros
por la fiesta que se haga, despreciando Tu amor de Padre, que nos amas y esperas
ser amado. ¡Cristo, ten piedad!
* Porque olvidamos que nuestro Bautismo nos
compromete a hacer el bien, a seguir los pasos de oración, servicio, presencia
de Tu Palabra, perdón y amor que Tú mismo nos enseñaste. ¡Señor ten piedad!
MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS
PRIMERA.- El
Profeta Isaías ubica, una vez más, a la luz como característica de quienes van
por el camino del Señor. La descripción de Aquél que nos liberará demuestra la
dulzura y el amor, así como la justicia y el derecho que traerá. Sin lugar a
dudas, esto fue lo que nos trajo Jesús.
SALMO.- El
Salmo 28 refleja la admiración del creyente ante Dios, porque se reconoce a sí
mismo incapaz de sobreponerse a las fuerzas de la naturaleza. El canto,
entonces, es ¡gloria! A Dios, que es capaz de tanto poder.
SEGUNDA.- De
los Hechos de los Apóstoles, escucharemos a Pedro referirse a Jesús de Nazaret,
quien desde Galilea comenzó Su misión, fue bautizado por Juan e hizo el bien,
con un amor que no excluyó a nadie. Es que se trata del Ungido de Dios, otro
título que le es propio.
EVANGELIO.- San
Lucas nos refiere cómo Juan anunciaba al Mesías esperado desde antiguo. Aclarado
que él mismo no es el Mesías, veremos llegar a Jesús –como uno más- a recibir
el bautismo de agua de Juan. A la
humildad de Jesús se une la Verdad del Padre: ‘Tú eres mi Hijo, Mi predilecto.’
ORACIÓN DE LOS FIELES
a) Para que
el Señor, en la Iglesia y con la Iglesia, nos haga sentirnos más hijos suyos. Roguemos al Señor.
b) Para que
no nos conformemos con ser sólo cristianos de palabra, sino que, además, lo
seamos también de obra. Roguemos al
Señor
c) Por los
que han olvidado su pertenencia a la familia de Jesús. Por aquellos que no se
sienten queridos por nadie. Roguemos al
Señor.
d) Por los
que estamos aquí reunidos. Para que renovemos nuestro compromiso de seguir a
Jesús. Roguemos al Señor.
e) Por los
padres y madres. Para que no se conformen con bautizar a sus hijos. Para que
les hablen de Jesús y den testimonio de su vida cristiana. Roguemos al Señor.
f) Para que la bendición sea palabra que renueve
nuestro vocabulario y actitud contagiosa de vida. Roguemos al Señor.
g) Para que
asumamos que hemos de tener un estilo de vida tanto en la alegría y la
abundancia como en el dolor y la escasez. Que quien nos encuentre se sienta
animado a seguir también a Jesucristo. Roguemos
al Señor.
OFRENDAS
a) El agua bautismal nos restableció como
hijos de Dios. Te estamos agradecidos por nuestro bautismo, Señor. Te
entregamos, además, a nuestros padres y padrinos, al sacerdote que nos bautizó
y a quienes presenciaron ese momento de compromiso de vida.
b) Nuestra alma quedó limpia por las aguas
bautismales, como este pañito. Te
entregamos cada confesión hecha con el deseo y el propósito de buscar siempre
mantenerla así.
c) Finalmente
traemos hasta el altar el pan y el vino
que han de mantener encendida en nosotros
la Luz de Tu Espíritu. Con ellos queremos simbolizar nuestro deseo de
alimentar nuestra vida cristiana con la Eucaristía, la oración y la fe, para no caminar
en tinieblas.
ORACIÓN FINAL
Señor Jesús,
que pasaste por el mundo haciendo el bien y dándonos lo que sabías que
necesitábamos, escucha los ruegos más profundos de nuestros corazones y danos
el valor de ser auténticos, de vivir nuestra fe expandida para que,
como lo hace la luz en las tinieblas, lo llene todo y seamos transformados y
transformadores por Tu Presencia. Te lo pedimos junto a nuestra Madre, María
Santísima. Amén.

Comentarios
Publicar un comentario