XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario Jesucristo, Rey del Universo 23 de noviembre de 2014
MONICIÓN DE ENTRADA
¡Muy buenos días tengan todas
y todos! Al darles la bienvenida a nuestro encuentro semanal con la Palabra del
Señor y el Alimento que nos anticipa el Banquete Celestial, conviene que
caigamos en la cuenta que quien nos ha invitado es el Rey del universo, el que
está por encima de todo y todos, el que es principio, culminación y meta, ¡el
Señor de la Vida, Jesucristo!
Hoy es el XXXIV Domingo
del Tiempo Ordinario, también el último de este año litúrgico, Ciclo A, que da
paso al Adviento - tiempo que
nos preparará para la Navidad- y al inicio del Ciclo B, el próximo día 30.
Comencemos, pues, preguntándonos qué haríamos
si nosotros fuéramos reyes o reinas. ¿Cómo sería nuestro reinado? ¿Sería,
acaso, ejercicio del poder y la fuerza –aunque disimulada-, rendición de
honores, beneficios para los que nos apoyasen incondicionalmente, mucha
palabrería y algo de acción? ¿O tal vez querríamos ser los primeros servidores
de todos –especialmente de los más humildes-, sencillos, amantes de la paz,
siempre dispuestos a ayudar al más necesitado, lejanos a los honores y primeros
cumplidores de la ley?
Pues bien, a este último
se parece el reinado de Jesús, quien reina desde la cruz con corona de espinas y
rige con humildad.
Que propaguemos el Reino
de Jesús haciendo Su voluntad, la voluntad de nuestro Rey y Señor, Jesucristo.
PENITENCIAL
1. Señor, cuando nos
llamas para que te ayudemos con algún hermano nuestro, decidimos no escucharte.
Señor, ten piedad. (El niño mira al Padre y cuando empieza a hablar, se tapa los oídos)
2. Y cuando iluminas
nuestras realidades para que, viendo la verdad, actuemos, cerramos nuestros
ojos. Cristo, ten piedad. (El niño mira al Padre y cuando empieza a hablar, se tapa los ojos)
3. Además, Señor, muchas
veces escondemos a nuestro corazón la injusticia o la necesidad que otros
viven, por comodidad o conveniencia humana. Señor, ten piedad. (El niño mira al Padre y cuando empieza a
hablar, hace que se tapa el corazón)
MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS
PRIMERA.- La primera lectura es una hermosa profecía
de Ezequiel. Nos describe la tierna actitud de todo buen pastor. Él busca lo
mejor para su rebaño, mantiene a sus ovejas unidas y cuida sobre todo de las
más débiles y enfermas; esto, sin
descuidar a las sanas. Esto Nosotros somos -para Jesús- esas ovejitas y Él nos
cuida con esmero porque Él es el Buen Pastor.
SALMO.- El salmo 22 de singular belleza, aúna la
preocupación de un pastor con el esmero de un anfitrión de un gran banquete
para con sus invitados. Hace evidentes a Jesús como Buen Pastor y su tan
novedosos festín mesiánico. Menciona,
particularmente, el agua, el aceite y el vino, que son elementos propios de las
oraciones litúrgicas que se utilizan en los tres sacramentos de la iniciación
cristiana: bautismo, confirmación y Eucaristía.
SEGUNDA.- Dos
cartas escribió san Pablo a los fieles de Corinto. De la primera se ha tomado el fragmento que
escucharemos hoy. En ella, el apóstol establece relación entre Adán y el
pecado, Jesús y la Vida. Cristo debe someter a todos sus enemigos -y la muerte
será el último de ellos. Cristo está encargado de llevarnos a todos a la
felicidad eterna.
EVANGELIO.- En el evangelio de San Mateo que se
proclamará seguidamente, Jesús nos dice que cada vez que hacemos el bien a
alguien es como si se lo hiciéramos a Él mismo, y también al revés, cuando no
lo hacemos. Por esta razón conviene que busquemos ayudar siempre a quien nos
necesite. Eso es lo que Jesús quiere de cada persona, pues, además de dar
alegría con nuestros actos al Señor y a nuestros hermanos, estaremos
favoreciendo nuestra salvación.
ORACIÓN DE LOS FIELES
1. Señor, al terminar
este Año Litúrgico te rogamos por tu Iglesia –por todos sus pastores y cada
bautizado- para que recordemos ser serviciales, tener detalles con los demás. Roguemos al Señor.
2. Por los gobernantes
de este mundo, para que reconozcan que obedecer a Dios y servir a los
gobernados debe ser la prioridad de sus gestiones. Roguemos al Señor.
3. Por quienes se dejan
gobernar por el dinero, los juegos o las distracciones, convirtiéndolos en sus
‘dioses’, para que para que reconozcan que Tú, Señor, eres el verdadero Dios y
busquen seguirte y servirte; es que sólo en Ti hallarán su felicidad. Roguemos al Señor.
4- Donde hay amor,
justicia, paz, verdad, fe y esperanza, ahí está tu Reino, Señor. Para que
busquemos tu Reino sembrando esos valores en nuestro día a día. Roguemos al Señor.
5. Hay mucha gente que
pasa necesidad de alimento, casa, ropa o país; hay gente enferma o que ha
perdido su libertad. Aunque no podamos ayudarlos a todos, siempre habrá alguien
que necesite nuestra ayuda. Para que recordemos que, al hacerlo, ayudamos a Cristo
mismo. Roguemos al Señor.
6. Por quienes ya no
están con nosotros físicamente, para que gocen del descanso de sus fatigas y la
paz del Señor. Roguemos al Señor.
7. En nuestros propios
hogares hay gente triste, cansada, enferma o necesitada de nuestra ayuda. Para
que la prestemos pronta y generosamente. Roguemos
al Señor.
8. Por nosotros, niños,
niñas y jóvenes de todo el mundo, para que recordemos que muy cerca de nosotros
viven personas necesitadas de apoyo escolar, alimento, consejo, o, simplemente,
de nuestra amistad. ¡Hagámoslo por Cristo, nuestro Rey! Roguemos al Señor.
OFERTORIO
1. Por cuanto Jesús,
nuestro Señor y Rey, rige con humildad y reina desde la cruz con corona de
espinas, presentamos esta corona de
espinas y este cayado, para simbolizar que el reinado de Jesús, conlleva sufrir y
entregarse por los demás. ¡Nos unimos a Ti, Señor!
2. Sólo hay dos
posibilidades para nosotros: o ayudar a implantar tu Reino, Señor, que es amor, verdad, alegría, paz, perdón; o
seguir viviendo el odio, la mentira, la tristeza, la violencia, o el rencor. Te
ofrecemos nuestra decisión de adherirnos a Ti. (mundo con
Dios / mundo sin Dios –mapamundis. Se rompe el segundo y se ofrenda el primero)
3. Finalmente, con el pan y el vino te damos gracias,
Señor y Rey nuestro, porque Tú nos das todo lo que necesitamos para ser
felices, para alimentar nuestras almas y
vivir como ciudadanos del Reino de Dios. Que nunca nos falte el pan de la
Eucaristía, tu Presencia, Señor.
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