Acción de gracias por 80º umpleaños de María Carmen Argothy, 15 de septiembre de 2019
MONICIÓN DE ENTRADA
¡Muy buenos días, hermanos! Al comenzar este
encuentro fraterno observemos cómo están las puertas de la casa de Dios. ¿Cómo
están? Ciertamente, están abiertas de par en par. Y es, precisamente, así como
el Señor tiene sus brazos hacia nosotros: abiertos, completamente abiertos,
para acogernos, ayudarnos y levantarnos. Nuestro Señor quiere que entendamos
una cosa: Dios es nuestro Padre, nos ama y por eso nos perdona.
Hoy san Lucas nos presentará la auténtica imagen
de Dios Padre: amoroso, tierno, siempre presente, dispuesto a todo con tal de
salvarnos; el que siempre nos perdona porque es fiel y nos ama sin medida.
Buen entorno para agradecer a Dios por cada
vida, por cada persona. Muy especialmente, agradezcamos por María Carmen Argothy quien, habiendo
llegado a sus 80 años de edad, ha sabido vivir entregada a su hogar, servicial
y valiente, pues es una mujer de fe y siempre alienta la esperanza.
PENITENCIAL
1.
Porque olvidamos interceder por quienes se han equivocado; por el contrario,
detallamos su falta, para quedar bien con el agraviado. ¡Señor, ten piedad!
2.
Porque siempre esperamos el perdón de Dios, pero no siempre estamos dispuestos
a perdonar a quien nos ha causado dolor. ¡Cristo,
ten piedad!
3.
Desechamos y despreciamos a quienes se equivocan como si fueran objetos
inútiles, como si nosotros mismos no nos equivocáramos también. ¡Señor,
ten piedad!
LECTURAS
PRIMERA. Dios es
justo pero nos ama y no se cansa de darnos nuevas oportunidades. Habiendo salvado a Su pueblo, que lo abandonó
para adorar a un becerro de oro, nos encontraremos en el Libro del Éxodo con
Moisés en cordial conversación con Dios, su amigo, hasta lograr el perdón
divino y una nueva oportunidad para que este siga siendo el pueblo elegido
Primera
lectura (32,7-11.13-14)
Lectura del libro del
Éxodo
En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
«Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu
pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo
les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le
ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de
Egipto”».
Y el Señor añadió a Moisés:
«Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz.
Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de
ti haré un gran pueblo».
Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios:
«¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu
pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? Acuérdate de
tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo:
“Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta
tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea
por siempre”».
Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que
había pronunciado contra su pueblo. Palabra de Dios
SALMO.- El salmo 50 -el Miserere- es considerado un
himno penitencial. Sin embargo, termina con la enorme alegría de saber que Dios
nos ha perdonado. Considerado hasta el Concilio Vaticano II como un salmo
triste, hoy nos entrega un mensaje de alegría y de esperanza. ¡Dios nos
perdona!
Salmo
Sal
50,3-4.12-13.17.19
R/. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre.
V/. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
V/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.
V/. Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Mi sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R/.
SEGUNDA.- San Pablo, por la misericordia divina, se convierte de
perseguidor de la Iglesia en uno de sus más importantes propagadores. Esta gran
enseñanza de perdón de Dios la escucharemos al comienzo de su Carta a Timoteo.
Con el Apóstol, alabemos y agradezcamos la grandeza y el amor de Dios, siempre
dispuesto a perdonarnos.
Segunda
lectura (1Timoteo 1,12-17)
Lectura de la primera
carta del apóstol san Pablo a Timoteo
Querido hermano:
Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me
hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio, a mí, que antes era un
blasfemo, un perseguidor y un insolente.
Pero Dios tuvo compasión de mí porque no sabía lo
que hacía, pues estaba lejos de la fe; sin embargo, la gracia de nuestro Señor
sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo
Jesús.
Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación
que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el
primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el
primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me
convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna.
Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único
Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios
EVANGELIO.- Escucharemos un
extenso fragmento del Evangelio de San Lucas. Se trata de tres parábolas en
torno a la misericordia de Dios: la oveja perdida, la moneda perdida y el Hijo
Pródigo. Dios Padre, que es todo bondad, ternura y amor sin límites hacia
nosotros, jamás se rinde en buscar a los pecadores; nunca nos abandona y siempre
nos acoge con alegría.
Evangelio
(Lucas 15,1-32)
Lectura del santo
evangelio según san Lucas
EN aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los
publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas
murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde
una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la
descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre
los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los
vecinos, y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se
me había perdido”.
Os digo que así también habrá más alegría en el
cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que
no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde
una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la
encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les
dice:
“Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se
me había perdido”.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de
Dios por un solo pecador que se convierta».
También les dijo:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a
su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo
lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo
perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella
tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos
de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de
las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de
pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino
adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando
todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y,
echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no
merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela;
ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y
sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba
muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver
se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los
criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el
ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre
salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer
nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete
con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus
bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es
tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano
tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”». Palabra del Señor
ORACIÓN
DE LOS FIELES
1.
Por la Iglesia. Para que sea una casa de puertas abiertas, entrega y
donación total, signo de reconciliación y de paz dondequiera que se haga
presente la Palabra de nuestra Salvación. Oremos.
2.
Por el Papa Francisco, los obispos y los sacerdotes; para que sepan
vivir y transmitir el Evangelio al ritmo del amor de Dios. Por cada bautizado,
para que se reconozca como emisario del
perdón y del amor de Dios. Oremos.
3.
Por quienes han perdido su fe guiados por publicaciones engañosas que les
han conducido al ateísmo; muy especialmente por los niños cuyos padres no
los acompañan en sus exploraciones en la Web. Oremos.
4.
Por quienes constituyen nuestras historias personales, para que
aprendamos a perdonarlas, nos dispongamos a recibir su perdón y estemos atentos
a la reconciliación a todos con el Señor. Oremos.
5.
Por María Carmen, al arribar a sus 80 años, para que el Señor la
acompañe y proteja cada día de su vida, la fortalezca en su fe y llene de mayor
esperanza cada instante de su existencia. Oremos.
6.
Por quienes constituyen la historia de María Carmen: hijos, nietos,
biznietos, demás familiares y amigos. Para que, nutridos por tu Palabra,
Señor, testimonien cada día tu amor e imiten tus actitudes. Oremos.
8.
Por todos los difuntos que necesitan nuestras oraciones, especialmente
por los familiares, amigos y conocidos de todos los aquí presentes. Oremos.
OFERTORIO
1. FLORES
Las
flores, con su hermosura, su misterio y su variedad, representan la vida.
Tú, Señor, generosamente nos has dado y sostenido la vida; por eso te
entregamos nuestras vidas, las de los que amamos o deberíamos amar más; para
que el misterio salvador que vamos a compartir, nos transforme a todos.
2.
ALIMENTOS
Cada
día te agradecemos el sustento y la protección a nuestras familias. Hoy
queremos entregar estos alimentos para compartirlos con nuestros hermanos más
necesitados, a manera de oración, para que no les falte lo necesario cada día.
3.
LA DESCENDENCIA (Hijos, nietos y biznietos)
Cual
precioso fruto del amor, María Carmen sigue al frente de estos hijos. Al
ofrecértelos y reconocer cuánto los amas, Te agradece Tu auxilio, Señor, para
convertirlos en ‘mujeres y hombres de bien’. Con ellos van sus hijos e hijas,
nietos y nietas. Es la Pequeña Iglesia Doméstica donde los Argonthy se van
formando y entregando a tu servicio, Señor.
4.
DEVOCIONES (Imagen de la Virgen y el rosario)
La
unión, la paciencia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia y el amor a Dios
y al prójimo se aprenden en el hogar, se practican en la vida y se nutren en la
oración confiada de los hijos e hijas. La devoción a la Virgen representa
fuerte asidero para María Carmen en los grandes momentos, en el día a día, para
amarte más, Señor.
5.
OFRENDA ‘DE FAMILIA A FAMILIA’ (Una preparación de cocina o manualidad)
María
Carmen ya no puede hacerlo, pero hemos querido presentar esta preparación que
de ella hemos aprendido. Al hacerlo pedimos al Señor que bendiga a la familia
que la comerá (que la usará), así como para nosotros su preparación
(manualidad) ha constituido causa de alegría física y espiritual.
6. PAN Y VINO
Sobre
tu altar, Señor, el pan y el vino se convertirán en tu Cuerpo y en tu Sangre.
Representen este pan y este vino el esfuerzo de cada persona por participar de
tu sacrificio sublime y poderoso. En nuestra pequeñez, Señor.
ACCIÓN DE GRACIAS
Gracias,
Señor, porque eres nuestro Padre Bueno, porque nos cuidas con esmerada
Misericordia y nos enseñas a perdonar para que seamos misericordiosos como Tú
lo eres. Gracias por alertarnos ante el resentimiento y hacernos sentir nuestra
propia conversión. Igualmente, te agradecemos por haber podido celebrar en
comunidad de fe con María Carmen sus 80 años, seguros de tus bendiciones. Amén.
MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS (Esta es una sola
para todas las lecturas, si el sacerdote así lo decide) (Suprimir las
particulares y hacer esta luego de la Oración Colecta)
Dios es justo, pero nos ama y no se cansa de darnos nuevas
oportunidades. ¡Somos Sus hijos! Con el salmista recitaremos el Miserere llenos
d la enorme alegría de saber que Dios nos ha perdonado. Por eso, alabemos y
agradezcamos la grandeza y el amor de Dios, siempre dispuesto a perdonarnos. Y,
así como en las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida y el Hijo
Pródigo, Dios Padre -que es todo bondad, ternura y amor sin límites hacia
nosotros- jamás se rendirá en buscar a los pecadores, pues Él nunca nos
abandona y siempre nos acoge con alegría.


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